En su definición más simple, la sostenibilidad es “la capacidad de mantenerse a un cierto ritmo o nivel”; lo que nos lleva a pensar que la respuesta es ¡SÍ! Se aplica a todos; solo necesitamos tener claro el contexto al que nos referimos.

Sin embargo, existe una definición mejor y más precisa establecida por las Naciones Unidas: “Satisfacer las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades. Reconoce la naturaleza finita de muchos recursos y aborda cómo podemos impactarlos”. Los principios de la sustentabilidad son los cimientos de lo que representa este concepto y está conformado por tres pilares: ECONOMÍA – SOCIEDAD – MEDIO AMBIENTE, que en un entorno empresarial se puede traducir en BENEFICIO – PERSONAS – PLANETA.

Las empresas utilizan sus recursos para “crear valor” para sus clientes, el cual se vuelve tangible en la forma de negocios y ganancias. La ejecución exitosa de este proceso requiere de personas, mercados y en general; tener presencia en una o varias geografías y comunidades que forman parte del planeta en el que vivimos. No planeta = No mercado = No clientes = No negocios = No ganancias. ¿Puede una empresa sobrevivir con tantos NOS?

La razón de ser de una empresa es prestar un servicio a la sociedad, por lo que las principales habilidades de innovación de las empresas están ligadas a su capacidad para ofrecer soluciones que generen valor a la sociedad.

El tipo de innovación necesaria para crear valor suele ser el resultado de la optimización, modificación o transformación del valor existente, lo que implica que el valor no es necesariamente totalmente nuevo. En consecuencia, la creación de valor puede ser el producto de resucitar, compartir, optimizar o reemplazar el valor existente. Pero la única verdad es que la creación de valor solo tiene éxito si, a través del uso, genera valor para los clientes. Si los clientes no perciben y reconocen el valor, ¡tenemos un grave problema!

Afortunadamente, existen herramientas que pueden ayudarte a identificar qué tan bien lo estás haciendo. Aquí algunas preguntas que te ayudarán a pensar si estás creando valor:

  • ¿Tu oferta es sostenible y valiosa para tus clientes?
  • ¿Ellos te lo han dicho?
  • ¿Tu servicio o producto merece existir?
  • ¿Resuelve alguna necesidad o problema de los clientes?
  • ¿Cumple con su propósito?
  • ¿Es fácil de usar?
  • ¿Es lo suficientemente versátil?
  • ¿Envejecerá siendo útil?
  • No tiene nada que no sea necesario, ¿cierto?
  • ¿Es escalable?
  • ¿Tenemos idea de “qué sigue” o “de la próxima versión”?


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